Cómo esta pregunta tocó la vida de millones de personas

Te levantaste temprano a la mañana como todos los días para prepararte para el trabajo. Te hiciste un café, te lavaste los dientes y saliste de casa. Todo indicaba que sería un día normal como cualquier otro.

La única diferencia es que a la tarde tenías turno en el médico, en el que te daría los resultados de los análisis de rutina que te hacés cada año para ver, entre otras cosas, que tengas el colesterol bien.

Llegaste a tu cita y mientras esperabas que te atiendan sentiste un escalofrío recorriendo tu pecho. No le diste bola, a veces te pasan esas cosas pero no les prestás atención.

La noticia que te dá el médico te hace recordar ese escalofrío y ahora toma sentido…

“Te queda poco tiempo de vida”.

Te dice él mientras intenta esconder detrás de su profesionalismo la tristeza que le produce ser quien te dé tal noticia, se le hacen agua los ojos al mirar los tuyos…

No lo podés creer, lo primero que pensás es que te está haciendo una joda de muy mal gusto. Le preguntás si está seguro, le preguntas porqué, qué salió mal, qué es lo que te pasa, cuánto tiempo te queda.

Te dá una fecha estimada, te abraza con cierta distancia mientras llorás y pero te contiene como puede. Se te pasa toda tu vida por la cabeza en diapositivas, como si estuvieses viendo una película de tres segundos. Empezás a pensar en las cosas que hiciste; en las buenas, en las malas, en todas las que no hiciste, todo en milésimas de segundos pero que parecen años pasándote al frente.

La cita terminó, pero antes de que salgas, el médico te pone la mano en la espalda, te mira fijo y te pregunta:

  • “Qué vas a hacer distinto ahora?”

No necesitás pensarlo mucho, automáticamente las respuestas vienen a vos en cascada, como si llovieran todas juntas. Salís del consultorio con más ganas de vivir que nunca, con una vitalidad avasallante para hacer todo lo que no hiciste hasta ahora porque sabés que te queda poquito tiempo para hacerlo.

Vas corriendo a ver a tu familia, a llenar de besos a tu mamá, a tu papá, a tus hermanos, a tu pareja e hijos. Les decís que los amás, pero esta vez lo decís de una forma que te asegurás que les llegue lo que les estás diciendo. Te arrepentís de las miles de cosas que hiciste mal y pedís perdón, pedís perdón mil veces porque sabes que no vas a tener la oportunidad de hacerlo luego. Te arrepentís de las cosas que no hiciste hasta ahora, porque te hacés consciente que dejaste escurrir el tiempo por entre medio de los dedos y ya no lo vas a poder agarrar más.

Si te acordas, le avisás a tu jefe que no trabajas más, y hacés lo que sea para ver a tus amigos más cercanos y también les decís cuánto te importan y cuánto los querés. Probablemente te apures a sacar un pasaje a esa ciudad que siempre soñaste visitar pero por una u otra razón nunca lo hiciste. Y si de algo estoy segura es que no vas a ir a la concesionaria a cambiar el auto por uno más nuevo, ni comprarte un Iphone 12…

No estamos ajenos a que esto mismo nos pase a nosotros; mientras lees esto seguramente estés pensando en alguien a quien conocés que le pasó lo mismo o algo parecido. Al vecino, a un amigo, o al amigo de un amigo seguro le pasó. Algunos todavía siguen acá para contarla, otros no han tenido la misma suerte.

A mi hermana de la vida, Ligia, le pasó así que la vida un día se la llevó por delante. Un agresivo cáncer invadió sus pechos, y su continuidad en el plano físico fue incierta por un tiempo. Para ella fue la peor noticia de su vida, y para mi también un baldazo dolorosísimo de agua fría, un golpe muy duro que sentía no tenía derecho a sufrir por no ser la protagonista de la enfermedad. Pero lloré, me lloré todo y con muchas ganas. Ligia tomó la decisión de hacer de su vida lo que quería de ella, sea cual fuese la cantidad de tiempo que le quedase para disfrutarla, y creo que fue la primera vez que realmente la ví feliz; dejó de esperar, para empezar a vivir.

Al año siguiente mi perro murió y, salvando la diferencia entre animales y humanos, mi mascota significaba algo demasiado importante en mi vida, y con el alma partida me arrepentí de no haberla sacado a pasear más veces. “Hace mucho frío”, “Uh hoy no tengo ganas, estoy cansada”. “Que paja salir a esta hora”. Y un día no tuve más la oportunidad de hacerlo. Y lloro otra vez mientras escribo esta oración. Creo que, si bien he perdido otros seres muy queridos, este episodio me hizo hacer el click de que la mejor oportunidad para actuar es hoy.

El mejor momento para hacer las cosas que queremos hacer es ahora, hoy, en este momento. Dormirse en los laureles de la incertidumbre puede costarnos muy caro, si es que llegamos a tener la oportunidad de pagar ese precio.

¿Por qué esperar para decir un te amo? ¿Por qué esperar para darle un beso en la frente a las personas que tanto amás? ¿Por qué no sacar a tu mascota a pasear y llenarla de besos y caricias ahora? ¿Por qué seguir yendo a trabajar todos los días a un trabajo que no te hace feliz y resignarte a que ese es tu deber? ¿Por qué seguir esperando para regalarte la hermosa oportunidad de vivir, y no dejar simplemente que la vida pase? Que la vida se te pase.

Pensá por un momento: Si fueras vos a quien el médico le dice que le queda poco tiempo, ¿Qué dejarías de hacer?, ¿Qué cambiarías en tu vida?, ¿Qué empezarías a hacer?

Esa es la respuesta que estás buscando cuando decís “No se que hacer de mi vida”, o cuando te encontrás perdido en la vorágine de obligaciones cotidianas. Todas las respuestas están dentro tuyo, te están gritando para ser escuchadas. No esperes un mejor momento para actuar porque el mejor momento es ahora, porque el ahora es lo único que tenemos. Regalate animarte, regalarte equivocarte, regalate reírte de todo y de vos mismo, y aprender de las cosas que te salen mal. Regalate decir más te amo. Pero regalátelo hoy.

Si te amenazaran con quitarte todo lo que tenés te darías cuenta de lo afortunado que sos en tener todo lo que disfrutás cada día, y aun así lo das por sentado, no lo valorás lo suficiente, ni lo saboreás a cada paso.

Abrazá tu vida, abrazá este momento y las personas que hacen de tu existencia algo tan maravilloso. Pedí perdón, reite más, amá más.

Viví.

Hoy, aquí y ahora.

 

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