Porqué contar con fuerza de voluntad está frustrando tus metas

La guía definitiva para alcanzar tus objetivos inmediatamente aunque te falten todas las ganas.

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Empezar, la clave de todo

Si hace tiempo querés lograr ese cambio que tanto deseás y no lo estás consiguiendo, te recomiendo que dejes de buscar motivación interna y hacer que tu éxito recaiga pura y exclusivamente en tu fuerza de voluntad. ¿Por qué? Simplemente porque no existe.

La fuerza de voluntad es una de las mayores mentiras en las que podés fundar cualquier plan que quieras llevar adelante, condenándote desde un principio al fracaso.

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Cometemos el error de creer que existe una potencia mágica que puede llevarnos a lograr las cosas que siempre quisimos hacer y las que “realmente” queremos, por eso buscamos y revolvemos cielo y tierra para encontrar el eslabón perdido. Como si pudiéramos frotar una lámpara y en vez de salir el genio saliese la fuerza de voluntad lista para solucionarnos todos los problemas.

Y así como no existe tal fuerza, tampoco existe el “si de verdad querés algo sacás voluntad de donde sea para lograrlo”. No, el cerebro no funciona así.

Nuestro cerebro es una máquina perfecta que fue diseñada por la naturaleza hace incontables años con un sólo fin: la supervivencia. Esto quiere decir que está programado para evitarnos cualquier tipo de sacrificio y alejarnos de situaciones que nos ponen en estrés. Está construído para apartarnos de todo aquello que consideramos difícil o que percibimos como amenaza, conflicto o simplemente incómodo. El cerebro siempre quiere que juguemos en “el lado seguro” de las cosas, que no tomemos riesgos y evitemos a toda costa cualquier tipo de inconvenientes.

Entendiendo este concepto básico se explican muchas de nuestras “desmotivaciones” cotidianas que tomamos como normales. Todas las circunstancias que representen un desafío, que percibamos complicadas, que veamos como algo nuevo, nos generarán instintivamente un cierto grado de resistencia a nivel interno.

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Reflexioná por un minuto sobre las siguientes situaciones y pensá cuántas veces se te cruzó por la cabeza este tipo de pensamientos:

– Quiero empezar a correr/ir al gimnasio pero llego a casa y lo único que deseo es tirarme en el sillón a ver Netflix.

– Quiero bajar de peso pero si paso al frente de una panadería termino saliendo con una bolsa gigante de medialunas.

– Quiero tomar menos alcohol pero cada vez que salgo me termino arrepintiendo al día siguiente.

Y así, más y más de éstos episodios se repiten constantemente, o varias veces por semana, y la única respuesta que te das a vos mismo es “me falta fuerza de voluntad”. Con este veredicto estás condenando tu fracaso a un único parámetro: tu fuerza interna.

Es normal; nos pasa todos los días que queremos empezar a hacer algo nuevo y siempre está esa voz, a la que llamamos la voz de la conciencia, diciéndonos: “No, mejor mañana”, poniendo excusas, excusas, y más excusas. No se trata de un problema de falta de voluntad: simplemente el cerebro no está diseñado para tenerla.

Es por eso que si queremos conquistar lo que sea, ya en la vida cotidiana o a largo plazo, debemos ganarle esta batalla a nuestra cabeza y “recablear” su respuesta instintiva. Pero, ¿cómo hacemos eso?

La buena noticia es que esto tiene dos buenas noticias. La primera: estás enfocando el problema desde el punto de vista incorrecto, y eso se puede cambiar fácilmente. La segunda buena noticia es que conseguir estas metas depende de agentes externos y no de tu “fuerza de voluntad”. ¡Es hora de que te saques este peso de los hombros!

¿Cómo saber si verdaderamente quiero algo?

El primer paso para superar esto es preguntarte qué querés lograr realmente. Las charlas con uno mismo son tan importantes como las que tenemos con el psicólogo, porque nadie sabe mejor que vos qué querés para tu vida, que es lo que te llena, aburre, qué te da placer o tristeza, alegría, etcétera. Una vez que te preguntes qué querés lograr, tené presente que la resolución que estás buscando es del tipo que el escritor Mark Manson llama una “Fuck Yeah!” respuesta. De la clase que no te quedan dudas de que sí, definitivamente querés eso. Buscás algo así como el ¡SÍ, QUIERO! de las historias de Hollywood donde la gente se enamora, se casa y vive feliz por lo menos hasta el final de la película.

Una vez que te hayas topado con esa respuesta mágica, todo va a conspirar para que consigas los resultados deseados. Pero como siempre insisto, pensar en positivo y toda la teoría bonita de la ley de atracción nunca dará resultado al menos que tomes acción. Y acción significa ejecución en el PLANO EXTERNO.

Quitá el foco de la fuerza de voluntad (ámbito íntimo): tus resoluciones internas nada tienen para pelear en contra de las condiciones externas que te han llevado al camino del que querés salir ahora. La respuesta está allí afuera, y el éxito también.

Cuando alcanzaste tal estado de compromiso, el siguiente paso es crear las condiciones que te ayudarán a conseguir lo que estás intentando cambiar. Como dice otro escritor del norte, Benjamin Hardy, una vez que la decisión inicial está hecha, las ulteriores decisiones en relación a ella también están tomadas. Para ejemplificarlo con un caso por demás simple: “Quiero comer sano < Paso por la verdulería < Preparo una ensalada en casa < No pido delivery”.

Cual camaleón, los seres humanos somos individuos totalmente adaptables al medio ambiente en el que nos desenvolvemos, por lo que la creación activa de las condiciones ambientales que nos rodean será la única manera en la que podremos asegurar que conseguiremos lo que nos hemos propuesto como meta.

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Construir rejas alrededor de tus metas para protegerlas es, de hecho, una metáfora muy útil para ayudarte a visualizar y poner en perspectiva lo que estás intentando proteger. Supongamos que conociste a una chica/chico que te vuelve loco/loca y querés empezar “algo bien” con esa persona. Si tu concepto de algo bien comprende monogamia al 100%, una buena estrategia para defender tu compromiso (la reja alrededor de la meta) será no responder mensajes de otras personas de las cuales conocés sus intenciones para con vos, pretensiones que podrían amenazar tu objetivo.

Querés ir al gimnasio dos o tres veces por semana; algo muy astuto sería establecer una estricta rutina, con horarios y días fijos que respetes a rajatabla: “llueve o truene”, a esa hora, ese día estarás en el gimnasio. Y durante esa hora el mundo seguirá girando. Si querés reducir el consumo de alcohol y el dinero que gastás cuando estás de parranda, quedate en casa (la reja, en este caso literal), al menos el viernes. Así reducirás tu consumo y gastos en un 50%.

Tenés ganas de salir a correr: acoplate a corredores y salí a trotar con ellos. Sumate a corredores ya establecidos (que no es lo mismo que maratonistas); no te juntes con otro amigo que está en la misma lucha interna que vos porque cuando se reúnan el viernes a la noche “para salir a correr” lo más probable es que terminen yendo a tomar una birra y dejen la corrida “para la próxima”. ¡Contame cuántas veces te pasó esto!

La clave está en comprometerte a cambiar o lograr algo, y crear las condiciones externas que faciliten, y me animo a decir, reduzcan totalmente la posibilidad de que tu éxito se base siquiera mínimamente en tu fuerza de voluntad. Si a esto le sumás las “rejas protectoras”, el sólo hecho de haber creado de antemano tales circunstancias te quitará un gran peso de encima.

Entonces empezá a colocarte en ambientes donde no haya otra opción que llevar a cabo lo que te propusiste. Porque al fin de cuentas podemos tener las intenciones más nobles pero somos el resultado de nuestros hábitos, de nuestras conductas y acciones. Tenés la capacidad de lograr lo que sea que te propongas, es sólo cuestión de empezar a hacerlo pasito a pasito *suave, suavecito (?)*

¡Es hora de que te comportes como la persona que querés ser!

Para más consejos cortitos y al pie, descargate gratis este ebook.

¡Contame qué estás queriendo lograr pero no podés por falta de voluntad, y compartile este artículo a ese amigo que se te vino a la cabeza cuando leías esto!

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2 comentarios en “Porqué contar con fuerza de voluntad está frustrando tus metas

  1. No sé si fuerza de voluntad pero hay quienes hablan de motivación – disciplina. Cuando la motivación no está (o está baja) pero nuestro objetivo es algo que realmente queremos, la disciplina puede ser nuestro resorte !!

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    1. La disciplina hace al hábito y éste conduce al éxito 🙂 Gracias por comentar!

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